En la sociedad, desde hace mucho tiempo, existen vicios que influyen de manera negativa en el desenvolvimiento de una persona. Pero ¿Por qué un vicio siempre es considerado malo? Pues, un vicio se conoce como una actividad que es mal vista por la sociedad, en algunos casos por atentar contra la moral o leyes, y en otros casos, porque puede llegar a ser perjudicial para la salud.

No obstante, esto es solo la parte superficial del asunto. El verdadero motivo por el que un vicio es algo negativo, es porque se convierte en un hábito que la persona no puede controlar, algo que realiza por inercia, sin que verdaderamente necesite hacerlo, y es ahí donde radica el verdadero peligro.

En la actualidad, al escuchar la palabra “vicio”, se le suele relacionar principalmente con drogas o alcohol. Pero, existen otras “malas costumbres” que pueden ser igual de perjudiciales que las otras mencionadas. En este sentido, encontramos las apuestas o ludopatía, como también se le conoce, un mundo al cual es muy fácil entrar, pero extremadamente difícil de salir. El hecho de arriesgar un bien personal con la intención de ganar algo a cambio, es lo que se conoce como apostar.

Apostar la salud

Cuando se habla de apostar como un vicio, se hace referencia a la pérdida de dinero. Sin embargo, eso no es lo único que se arriesga cuando se apuesta. Al momento de apostar algo de valor personal y/o monetario, la persona inmediatamente empieza a sentir cambios emocionales que pueden afectar de forma directa a su salud. El estrés y la ansiedad son algunos de los síntomas que la persona siente mientras espera el resultado de su “jugada”, sabiendo que por más segura que pueda parecer una apuesta… el riesgo de perder siempre está presente.

Según analistas, el impulso de apostar, puede verse influenciado por dos razones. La primera, es la parte económica, que en teoría es la más común. Se da porque la persona siente la necesidad de conseguir dinero para satisfacer algún deseo material. La segunda, es la parte personal y emocional. Sucede porque la persona siente una satisfacción interna al acertar uno o más resultados, lo que le da una confianza que, tal vez, no siente en su vida diaria.

Esta última, aunque no lo parezca, puede ser más perjudicial, debido a que, cuando una persona tiene una meta económica, por lo general, está más centrado y con sus ideas más clara, tomando decisiones con más precaución. Pero, cuando es algo emocional, las decisiones de la persona no siempre son razonadas previamente, sino que son más impulsivas, por lo que el riesgo de hacer apuestas más fuertes de una forma inesperada y sin medir las consecuencias, es muy posible.

En definitiva, no todo en el mundo de las apuestas está relacionado al valor monetario, también influyen las emociones, y por ende, la salud entra en juego. Obviamente, lo ideal sería no apostar, sino trabajar a través de tu propio esfuerzo para lograr los beneficios que tanto desees. Aunque, siendo realistas, no todos somos iguales, y no todos encontramos la satisfacción de la misma forma, por lo que apostar, para algunos no causa mayor interés, pero, a otros los hace sentir emociones que no suelen experimentar. Entonces, si tú perteneces a este último grupo, ok, apuesta, pero hazlo con responsabilidad, sabiendo lo que puedes perder y asumiendo que no siempre se puede ganar. Hazte responsable de tus actos y, sobre todo, ten en cuenta que cuando apuestas… puedes terminar perdiendo algo más que dinero.

 

Autor: Ronald Tamayo