El Consumidor cambiante en la Publicidad: un Puzzle con nuevas Piezas

//El Consumidor cambiante en la Publicidad: un Puzzle con nuevas Piezas

El Consumidor cambiante en la Publicidad: un Puzzle con nuevas Piezas

No hace demasiado que en las aulas de estudios superiores de mercadotecnia o publicidad se pasaba de puntillas por cualquier idea relacionada con los medios digitales. Internet era esa gran desconocida, el reducto de unos cuantos seres solitarios que poco o nada tenían que ver con los “destinatarios objetivo” de nuestros mensajes. Hoy, apenas una década después, somos plenamente conscientes no ya de una evolucionada Internet, sino del efecto que esta y la tecnología han tenido en nuestra forma de relacionarnos, en nuestra manera de ser y en nuestros impulsos para comprar. Hemos cambiado, y lo que es peor o mejor, según se mire, para quienes nos dedicamos a esto: cambiamos cada día y a mayor velocidad que nunca.

La crisis. La globalidad. La tecnología. Los cambios permanentes. La obsolescencia programada para sufragar la innovación. La batalla por la conquista del presente entre generaciones. El nexo entre lo que existía y lo que llega, y cómo esto último modifica estructuras asumidas y asentadas. Realmente poco tenemos que ver con quienes tradicionalmente hemos sido como consumidores. Y desde el sector publicitario a menudo se nos olvida cómo somos en nuestra otra vertiente, la de actores del consumo, encaramándonos a argumentos manidos y pasados desde nuestra silla del despacho. Padecemos de una bicefalia evidente que debemos solventar cuanto antes. Porque basta pensarlo mínimamente para descubrir que como consumidores ya no hablamos de ese emotivo anuncio de televisión nada más llegar al trabajo a la mañana siguiente; eso nos gustaría como publicitarios. Encontramos la sorpresa mediante otras vías, soportes, formas y creatividades, hastiados como estamos del abuso del medio masivo por excelencia y de sus compañeros tradicionales. Ya no esperamos a encontrarnos con alguien para contarle el problema que tuvimos con tal o cual empresa, ni mandamos una carta de agradecimiento a aquella otra que nos trató bien. Se lo decimos en las redes, o mejor aún, se lo decimos a otros en las redes, para que todos se enteren. Ya no queremos que las marcas nos atiborren de razones; queremos que nos hagan sentirnos mejores ante los demás, y eso es lo que les pedimos: argumentos que hablen de nosotros y no de ellas, y sobre todo actos que nos conviertan a nosotros, y no a sus símbolos, en protagonistas de nuestra historia.

La publicidad en su sentido tradicional no ha muerto, pero está mutando y aún debe hacerlo más para conectar con el consumidor en constante cambio. Porque el consumidor digital no es solo parte de una generación mientras las demás siguen ancladas en las formas de actuar del pasado. El consumidor digital, el de ahora y el del futuro, somos todos, desde los que nacieron al amparo de la tecnología hasta quienes cambiaron irremediablemente con ella, y convivimos en un mundo que circula a una velocidad del tiempo nueva, apasionante, vertiginosa; que nos obliga a quienes estamos del lado de la producción de esos mensajes publicitarios a estar permanentemente actuando en varios frentes: en el cambio, en el aprendizaje, en la formación continua, en el análisis, y en la predicción. Evolucionar o sufrir las consecuencias de la evolución.

El momento actual requiere de perfiles que sepan y quieran entender las sinergias entre lo que existe, lo que existió siempre y lo que puede llegar a existir. Publicitarios que encajen unas piezas en otras, desde la intuición y también desde el conocimiento, como conectores del cambio entre el pasado, el presente y el futuro. Porque el cuadro final del consumidor solo es posible si somos capaces de entender cómo las piezas que siempre tuvimos encajan y conectan con otras nuevas que aparecen ahora, mientras algunas desaparecen se caen de la mesa para siempre. Porque las piezas solo logran su verdadero objetivo cuando juntas hacen lo verdaderamente complejo, y a la vez lo único que tiene sentido en esta historia de un marketing y publicidad cada vez más indivisibles: completar el puzzle sin dejar huecos vacíos. Es hora de unir piezas de formas complejas con aquellas que siempre conocimos. Así podremos entendernos como consumidores y regresar al juego desde la publicidad y mercadotecnia, antes de que sea tarde.

Autor:

Álex Rubio Navalón 

@alexrbn

2017-06-30T14:15:43+00:00Corporatividad|