La labor del periodista ha trascendido más allá del conceptuado peso de la responsabilidad. Entre la curiosidad insaciable y la cruda necesidad por mantenerse siempre informado, el balance entre indagar y cotillear resulta, en ocasiones, confuso.

En la actualidad, el constante flujo de la globalización y un muy extenso alcance del internet dirigen al reportero a un único camino: trabajar sin respiro. Incluso cuando muchos de los conceptos y principios básicos que rodean al buen periodismo aún se encuentran intactos, un muy atendido y experimentado modelo deja entrever aquellos fieles consejos que formaron, en algún fino momento, el ideal del reconocido Gabriel García Márquez. Estos son algunas de sus eminentes lecciones:

1 Calidad antes que inmediatez:

“La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor.”

El mejor oficio del mundo (1996)

2 Cultura, práctica y ética:

“Para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica, y también mucha ética. Hay tantos malos periodistas que cuando no tienen noticias se las inventan.”

El fin de un ayuno. El País, abril de 1994.

3 Un reflejo objetivo:

“En un buen reportaje puede no haber buenos ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones.”

“Gabo cambia de oficio”. Cambio 16, mayo de 1996.”

4 Entre un investigador nato:

“La investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición.”

El mejor oficio del mundo (1996)

5 Realidad vs Pasión.

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.”

El mejor oficio del mundo (1996)

Tan conciso como García Márquez, el periodismo se proyecta ante un enfoque propio y muy personal. Evoluciona, viaja y se detiene sólo si su investigador así lo prefiere; la fidelidad se transforma en su única compañía y la ética, firme e incondicional, va de su mano. Una primicia lleva su nombre solo por su valor y evidencia, en la que un investigador nato y otro objetivo luchan por mantener su equilibrio. La esencia de un periodista va más allá de informar, pues su posición humaniza y revela toda una realidad. Su fuente de riqueza es, precisamente, su compromiso con la verdad.