Las instituciones artísticas son incalculables y exponentes de formas distintamente inesperadas de expresión, clamor profético, regocijo y  mucho más.

Se caracterizan por ser una palestra de unísonos emocionales, un rincón donde lo tradicional y lo vanguardista reposan y reviven al tiempo de oír las puertas abrirse y las pisadas de personas acercándose a admirar las distintas concepciones a nivel de lienzo y pincel que el creador de esas obras plasmó para ser objetos de observación, análisis y fervor.

No obstante, muchas personas coinciden con que la misión es compartida entre cada una de las esferas artísticas, esparcir la multiplicidad del arte en el orbe y cada uno de los rostros detrás de la culminación de estas maravillosas adquisiciones en un espacio expositivo, pero sin la mínima posibilidad de una conexión en sueños, anhelos y aspiraciones. Esta última, respondiéndose verdaderamente por sí sola, ya que cada autor es fanático de sus propios demonios o manifestaciones creativas que lo direccionan a crear un concepto sobre las diversas utopías en su mente. Asimismo, que cada uno de estos organismos.

Cabe mencionar, que la fuente de inspiración no siempre es compartida y la realidad no siempre es interpretada de la misma manera y forma por otro artista, por ello, existe tanta diversidad conceptual y cromática en los lienzos y en el mundo.

Un aspecto que no se puede ignorar, y en la que el foco de atención yace, es la naturaleza individual de cada organismo, al igual que los grandes artistas, cada uno de ellos cuentan con un perfil y una línea artística que los identifica y resalta en un único color entre los demás.

Los museos y galerías son esferas totalmente opuestas y que audicionan perfectamente para ser ejemplo de este tema, ya que abordan temáticas y propósitos diferentes, pero se relacionan por ser parte de un linaje de este amplio campo artístico que va siempre con la misión de enriquecer y mejorar el escenario creativo.

Mairim Aliendres