Los zoológicos, a pesar de vender y enfatizar en su preocupación por la preservación de todos los animales, y en particular los que están en peligro de extinción, parece que resultan ser una prisión que desgasta física y psicológicamente a estos seres naturales, siendo, en realidad, una vitrina de colección, donde se exponen las especies que la sociedad considera más interesantes, volviéndose, por tanto, en una oportunidad de lucro para los comerciantes de criaturas salvajes.

Tras estos barrotes de acero, los animales son despojados del concepto más necesario de los seres vivos, la libertad. Siendo privados de las actividades y comportamientos que son completa y absolutamente innatos y vitales en ellos, como correr, volar, escalar o, acompañarse y desplazarse en manadas e incluso, la necesidad natural que estos poseen de adquirir sus propias presas o alimentos, de acuerdo a su especie, afectando, en general, sus procesos evolutivos e infiriendo en la selección natural de estos, que, en resumen, se basa en la adaptación genotípica y fenotípica de las especies de acuerdo a sus necesidades de adaptación.

Dimensiones del hábitat artificial
Los zoológicos varían en tamaño y, por tanto, en calidad. Hay desde parques extensos; a salas divididas por enrejados y losas de cerámicas, pero, la mayoría de estos, sufren pérdidas económicas, debido al alto costo que supone mantener en cautiverio a ciertas especies más delicadas, en cuanto a su cuidado. Por tanto, se ven obligados a ingeniar nuevas formas de ingresos y reducción en la inversión, afectando la calidad de vida de los ejemplares y, a su vez, la seguridad de los visitantes.

¿Libertad con límites?
Aunque, si bien es cierto que existen zoológicos con mayores dimensiones, estos, por lo general, no terminan de ser lo suficientemente amplios para recrear el ambiente natural de las especies, adaptando así, los animales a la infraestructura, y no la infraestructura a los animales, prefiriendo optar por cortarles las alas a los pájaros; para evitar que huyan del zoológico. Aquellos animales adaptados biológicamente a vivir en compañía de grupos numerosos de su misma especie, son obligados a morar con sus únicas compañías y, con suerte, con uno o dos acompañantes. La caza y rituales o procesos de apareamiento son prácticamente obstruidos y eliminados, por sus dietas y regulación de reproducción natural. Perdiendo con esto, la oportunidad de estimulación mental y la condición física, en vista de la carencia de ejercicio.

Un estudio comparativo realizado por la universidad de Oxford, basado en el estudio de animales en cautiverio y en la naturaleza, demostró que, animales como los osos polares, leones, tigre y guepardos, “muestran claros signos de estrés y/o disfunción psicológica en cautiverio” y concluyó que “el cuidado natural de los carnívoros debería ser ampliamente mejorado y de no ser así deberían ser retirados de ahí.”

Psicológicamente vulnerables
Estas condiciones, afectan en gran medida el comportamiento de los animales, dándole lugar a una actitud destructiva y atípica conocida como “zoocósis” o psicosis de zoológico, manifestándose con comportamientos disociativos y agresivos. Conducta que no sólo afecta a los animales, sino que también a las visitantes de dichos recintos que se ven expuestas a este tipo de conductas.

En 2007, dos tigres del zoológico de Guwahati, al norte de la India, atraparon a un visitante del zoo que intentaba tomarles una foto. La víctima falleció a causa de la gravedad de las heridas provocadas por los dos tigres. El mismo año, un elefante del zoo de la ciudad de Pereira – Colombia, mató al veterinario, enterrando uno de sus colmillos en tórax y abdomen.

Para el año 2008, un hombre de 30 años fue engullido por una serpiente pitón de tres metros, en hecho ocurrió en el zoológico Francisco de Miranda – Venezuela. El occiso, experto en víboras y estudiante de biología en la Universidad los Andes, llevaba 9 años trabajando en el territorio donde fue atacado por la boa.

En vista de esto, queda en evidencia que los zoológicos, lejos de ser un hogar o centro de protección que, brinda educación animal a los visitantes, se convierten en una cárcel, que expone a sus reos como un acto de entretenimiento montado, donde, la condena, sin excepción alguna, siempre resulta ser la pena de muerte circunstancial.

Autor: Angélica Vázquez.